Chino Navarro y Vos

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Felipe y la obsesión de vencer a cualquier precio


Felipe Solá cita a Perón. Lo recuerda al decir que a él lo respaldarán los peronistas que piensan que “el conductor tiene el deber de vencer”.


Juan Domingo Perón dijo que “el deber de vencer es indispensable en la conducción; aquel conductor que no sienta el deber de vencer, difícilmente va a vencer en cualquier acción”. Lo afirmó en el célebre reportaje que le efectuaron Fernando Pino Solanas y Octavio Gettino.
Felipe Solá evoca esas palabras para explicar quienes lo apoyan en su nueva y entusiasta gesta antikirchnerista. Afirma que lo respaldarán los peronistas que piensan que “el conductor tiene el deber de vencer”.

Basta con repasar aquella entrevista de manera integral para entender que la cita de Felipe es parcial. Basta con ver algunos de los respaldos que ha cosechado –en especial a partir de su “reconciliación” con Duhalde-, para comprender que la lógica de esa cita parcial es que vencer es el objetivo central, la única estrategia, y que el proyecto y los intereses que debe expresar el conductor son algo secundario. Es la concepción del peronismo como mera herramienta electoral de acceso al poder, la misma que abrió el camino a los diez años de menemismo y a la integración del justicialismo a la internacional liberal.

Hoy Felipe se manifiesta drásticamente antikirchnerista. Lo hace con entusiasmo y naturalidad. La mayoría de quienes actualmente lo respaldan desde el “peronismo disidente” son los que no lo dejaban gobernar desde la Legislatura. Al mismo tiempo que Néstor Kirchner demostraba que no era Chirolita de Duhalde, a Felipe le tocaba enfrentar al poder duhaldista desde el Frente Para la Victoria y con el respaldo del gobierno nacional. Fue el gobernador que integró al gobierno a los movimientos sociales, fue coherente con la política de derechos humanos del gobierno nacional y sostuvo una política de seguridad que más allá de sus altibajos, apostaba a la participación vecinal y no se dejaba seducir por el canto de sirenas de la mano dura y el gatillo fácil. Es el mismo Felipe que con anterioridad participó del gobierno menemista y que sobre el final de su gestión como gobernador se mostraba preocupado por su futuro político y especulaba con la posibilidad de integrar la fórmula presidencial kirchnerista.

En ese reportaje, Perón también decía: “Es que en la política, además de los ideales, juegan los intereses, desgraciadamente. Y hay horas distintas en la política: en 1955 fue la hora de los enanos; 1971 es la hora de los logreros. Entonces, naturalmente, son esos intereses los que han venido y siguen jugando. Pero el peronismo debe darse cuenta de que cualesquiera que sean sus intereses no deben estar sobre el ideal que todos defendemos y por el cual todos debemos luchar”.

Felipe Solá es un compañero muy valioso. Pero en su afán de protagonismo, corre el riesgo de convertirse en otro logrero. Podríamos llenar hojas con elogios de suyos a los logros de la presidencia de Néstor Kirchner. Algunos, de profundo contenido político, como cuando lo reivindicaba por haber reconciliado al peronismo con su identidad histórica y elogiaba su firmeza al enfrentar al Fondo Monetario. Otros, casi frívolos, como cuando lo calificaba como un presidente “de lujo”.

Hoy sostiene que los errores en la crisis con las organizaciones del campo fueron “la condición esencial en la caída de los Kirchner”. Sí así lo cree, le falta reconocer que sólo se atrevió a enfrentarlos después que los supuso caídos. Pero ni siquiera lo hizo sin red y desde sus propias fuerzas: primero corrió a reconciliarse con sus viejos enemigos. ¿Hasta donde capitulará en sus convicciones para lograr el acuerdo con De Narváez que le exige Duhalde?
Vale la pena que completemos la cita de la frase de Perón evocada por Felipe: “El que quiere conducir con éxito tiene que exponerse. El que quiere éxitos mediocres que no se exponga nunca; y si no quiere cometer ningún error, lo mejor es que nunca haga nada”. Está claro que Kirchner se expuso desde el primer momento con un coraje, una determinación y una firmeza que debieran invitar a las personas inteligentes a no darlo por caído tan fácilmente.
Hoy, encontramos a Felipe criticándole a Reutemann ser menos antikirchnerista que él, como ayer pudo haberle reprochado no ser lo suficientemente kirchnerista. Está claro que ese no es el perfil de conductor que a uno le sugieren las sabias enseñanzas de Perón. Cuando el sentido de la oportunidad se nubla por las ansiedades personales, corre el riesgo de convertirse en el más torpe de los oportunismos.

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